viernes, 1 de agosto de 2014

Corría el agua por su cuerpo, ya había terminado de lavarse el pelo, de jabonarse y enjuagarse, ya estaba lista para salir, pero no lo iba a hacer, tanto disfrutaba esas duchas prolongadas, se sentía de a poco desplomarse y esa sensación de soltura la aliviaba.
Se dispuso a ponerse en el medio del chorro de la ducha, con los ojos cerrados sintió como el agua pasaba de su cabeza al oído, como se escurría por el mismo, cómo el sonido retumbaba cada vez un poquito más fuerte en él y ejercía una rara presión (como estar justo debajo de una cascada que lo envuelve fuertemente a uno)...luego tuvo la necesidad de cambiar levemente la posición, ya su cabeza no estaba en el cetro de la lluvia sino más adelante, el agua rozaba suavemente su nuca y se deslizaba por su espalda masajeándola lentamente, ahora gotas corrían por su oreja pero de manera pasajera, y los sonidos que percibía eran mas tenues y ligeros, se sintió suelta y liviana.
Sólo tuvo que detener el tiempo para observar a su alrededor y a ella misma en plena interacción con el agua y una conciencia clara apareció...esos leves centímetros de distancia entre su primera y segunda posición significaron para ella un abismo de sentidos y sensaciones dado su cambio en el punto de percepción...
A veces, pensó para sí, un cambio muy grande en uno implica un movimiento pequeño, casi imperceptible, de la visión de lo que nos rodea...

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